Un blog como éste, donde ambiciosamente he recreado un caldo de cultivo como poco, atípico: decoración, lifestyle, 2.0 y Social Media, no podía dejar pasar por alto un tema en el que todos convergen:
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La típica conversación de Lunes durante la pausa para comer en el trabajo entre compañeras suele girar entorno a: "¿qué tal el fin de semana?" Y en la última década, la respuesta tiende a contener una de las 2 respuestas siguientes:
Respuesta A: "ufff, superbien, no paré, algún día me decidiré a limpiar, no tengo la casa tan limpia como quisiera, pero ya lo haré, no voy a renunciar a un buen plan por quedarme haciendo tareas domésticas".
Respuesta B: "aproveché para poner la casa al día, limpieza semanal, vaciar armarios, limpiar trastero a fondo... acabé tan cansada que no hice nada más, cuando me di cuenta ya era Domingo por la noche".
La pregunta bien podría ser: ¿qué haces en tu tiempo libre?, pero la cuestión real es: ¿cómo lo vas a hacer si el poco tiempo del que dispones te deslomas limpiando? ¿no crees?
Cómo admiro a la gente valiente. Me gustan. Intento aprender de ellos, aunque no siempre me atreva a no postergar más los cambios que quisiera para mi propia vida o a decidirme de una vez por un color, una alternativa, etc...
Y admirando la casa que os traigo hoy, he recordado lo que me costó elegir una gama de colores para la mía propia, al menos para el "salón-comedor-cocina-zona de la vida", que fue por donde comencé.
¡Cuántas vueltas le di a la carta de colores! Cuando la devoví a la ferretería, creo que la tuvieron que cambiar de lo gastada que estaba...
¿Por qué elegir unos pocos colores, cuando puedes tenerlos todos?
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