Aún recuerdo aquellos tiempos, bastante lejanos ya, en los que mis únicas preocupaciones eran tomar los apuntes más bonitos del mundo, los deberes más elaborados del universo y sacar las mejores notas posibles para deleite propio y el de mis padres.
La edad adulta me está trayendo muchísimas cosas buenas, es ley de vida, pero también deberes y agobios, la mayoría innecesarios y que, si no los llego a poner en el sitio que les corresponde, pueden hacer que pierda calidad de vida (pues no estoy dispuesta).


