Por fortuna (y digo bien), me despidieron hace poco. Me despidieron
de ese trabajo donde, tras AGUANTAR más de 10 años, finalmente,
tras un cambio en la plataforma directiva, las personas entrantes,
sin ni siquiera saber mi nombre, decidieron eliminarme a golpe de
despido. De un plumazo. Sin resistencia por mi parte. Sin explicarme
si había hecho algo mal, si mi rendimiento había disminuido o si
mis capacidades, de repente, eran insuficientes. Supongo que ya estaba
“muy vista”.
Y yo sólo les puedo decir: “GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS,
GRACIAS...”

