Me gustan las casas inesperadas. De esas en las que, desde su misma entrada, "la cosa promete".
De las que no sabes con qué más te podrán sorprender en el siguiente paso, pero que inesperadamente lo vuelven a conseguir.
Casas con dueños inquietos, que viajan a lejanas tierras, regresando con alguna pieza o recuerdo de algún rincón que les robó un pedacito de corazón.


